miércoles, 20 de marzo de 2013

Capítulo 16.

Todo el mundo seguía con la fiesta como si nada hubiese pasado, y en realidad no había pasado nada. Al único que le importaba que Sophie estuviera allí, era a mí.
Yo seguía ahí, paralizado delante de su figura. Nadie sabía quién era, pero yo la conocía muy bien. Había cambiado, aunque seguía siendo preciosa: Se había dejado el pelo más largo y echado el flequillo hacia un lado. Se había puesto mechas californianas, de algún castaño más claro que el color de su pelo. Sus ojos seguían siendo igual de verdes y bonitos como los recordaba, y había engordado un poco, lo que agradecía ya que antes era demasiado delgada. Llevaba su carácteristica sonrisa dibujada en su rostro.
Estaba preciosa, llevaba un vestido negro corto, con una especie de tirante ancho en el brazo izquierdo, a lo largo del cual bajaba una tela muy fina y bastante transparente de este mismo color, que le daba un toque elegante al vestido. A penas iba maquillada, ya que nunca le había gustado, y a decir verdad, a mí tampoco. Solamente se había echo la raya en el ojo que resaltaba el brillo de sus preciosos ojos verdes, y creo que algo de gloss, pero no lo puedo asegurar.
Mi hermano, al darse cuenta de mi asombro, decidió dejarnos solos, y la verdad es que necesitaba estarlo.
Finalmente, Sophie me abrazó.
- Felicidades - Me dijo en un susurro.
- Gracias..
- No te alegras de que esté aquí? - Dijo dececionada.
- Claro que me alegro - Sonreí mientras mis ojos se llenaban de lágrimas - Es solo que... no me lo esperaba... Gracias.
- Gracias por qué?
- Por el mejor regalo de cumpleaños que podía tener.
- Tonto - Sus ojos también se llenaron de lágrimas y esta vez fui yo quien la abrazó.
Noté cómo su respiración era muy acelerada, al igual que los latidos de su corazón, y estoy seguro de que el mío no iba mucho más despacio.
Estaba haciendo un gran esfuerzo por no ponerme a llorar. Entonces noté cómo las lágrimas mojaron el hombro de mi camiseta. La separé y la miré a los ojos.
- Eh eh... tranquila, no llores... - Dije acariciándole la mejilla.
- Te eché muchísimo de menos - Suspiró agachando la cabeza.
- Y yo a tí... pero no llores... - Le limpié una lágrima - Que echas a perder todo el rimel.
Ella se rió. Hasta cuando estaba llorando, su sonrisa era preciosa.
Subimos las escaleras y se metió en el baño para lavarse la cara. Le llevé el maquillaje de mi madre para que se volviese a hacer la raya del ojo si quería. Salió del baño como si nada hubiera pasado, me dió un beso en la mejilla, me agarró la mano, y me sentó en las escaleras.
- Un día, en el paseo marítimo, te dije una cosa... no te acuerdas?
- Del paseo sí, pero no me acuerdo bien... - Dije bajando la cabeza para que no le pareciera mal.
- Te dije que a lo mejor, este año, me mudaba.
De repente la conversación de aquel día se reprodujo en mi cabeza a una velocidad pasmosa. Cómo me había dicho que se mudaría a Manhattan o alrededores si ella al final decidía mudarse, para siempre si ella deseaba que fuera así. Me parecí la increíble haberme olvidado de eso.
- Entonces... te quedas para siempre? - Dije, muy feliz.
- Sí - Sonrió.

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