domingo, 24 de febrero de 2013

Capítulo 8

Me llamaban de un número raro, no tenía el prefijo de España, pero supuse que era un error. Estuve alrededor de dos horas hablando con Lia, Noelia y David, ya que llevaba unos seis meses sin verlos, porque había vivido algún tiempo n Madrid antes de venir a Manhattan. Eran mis mejores amigos en España, y aunque eran de mi edad, bueno, algúm que otro mes más mayores que yo, excepto Lia, a la que le llevaba a penas un mes. Ya habían acabado el instituto, ya que yo estaba repitiendo segundo, algo que hacía más llevadero el curso ya que solamente tenía que aprobar tres asignaturas, ya que las demás las había aprobado el año anterior y me guardaban la nota. Aun no sabía cómo había dejado tan solo 3 ya que pase los últimos meses de clase en Madrid y solamente fui a los exámenes de Septiembre.
Llevaba con Noelia, Lia y David desde siempre y siempre habíamos estado juntos, y si uno estaba mal, todos estábabamos mal.
Me habían dicho que en un par de meses estarían aquí, en Manhattan. Querían recordar viejos tiempos, al igual que yo, y empezamos a hablar de momentos graciosos, tristes, vergonzosos... que habíamos pasado juntos, que no eran pocos... Hablamos tambien de los innumerables viajes que habíamos vivido juntos desde pequeños, razón por la cual sabían hablar perfectamente el inglés, además de otros idiomas como el francés y el italiano. Me dijeron que me tenían una gran sorpresa, pero que no me podían decir nada, yo insistí, pero fue inútil.
Cuando colgué el teléfono los echaba todavía más en falta que antes, hablar con ellos me había hecho recordar los infinitos buenos momentos que habíamos pasado en España y los viajes que habíamos rememorado. Se me llenaron los ojos de lágrimas, pero me empecé a repetir a mí mismo que no valdría de nada, que ellos seguirían estando en España, y yo aquí, en Manhattan. Fue entonces cuando mi móvil empezó a sonar de nuevo. Se escuchaba They don't know about us, era Seth.

* Llamada telefónica *

- Seth? Dime, qué pasó?
+ Nada era para ver cómo hacíamos mañana, si al final íbamos a ir al cine todos juntos.
- Eh... cine? O yo me pierdo partes de mi vida o no recuerdo haber hablado de eso.
+ Ah esque... lo hablaron las chicas y pensaba que ya te lo habrían dicho.
- Pues no la verdad.
+ Ah, pues me dijeron que te iban a llamar...
- Pues ya ves.
+ Bueno, te vienes no? + Se rió.
- Supongo, pero qué vamos a ver?
+ Ni idea, solo sé que vamos al cine.
- Vale, pero espero no aburrirme - Me rei yo ahora.
+ Vale, bueno chao.
- Abur

* Fin de la llamada telefónica *

Estaba pensando el por qué de que ni Alice ni Lusy me hubieran avisado de lo del cine, hasta que me llegó un mensaje. Me había llamado Lusy, y deduje que era para eso. Le mandé un whatsapp de que ya me lo había dicho Seth y me dijo que vale. Quedamos a las 4:30, iríamos a ver Los Simpson, la tercera película. A todos nos gustaban esos seres amarillos, yo había crecido viéndolos, y por lo que se veía, ellos tres también.
Esa noche estuve twitteando hasta las 2 de la mañana con David y Lia, Noelia ya estaba durmiendo según me dijeron ellos. No me extrañaba, a Noelia le encantaba dormir, y según mis cálculos, en España eran las 7 de la mañana. Llegué a la conclusión de que habían salido por la noche.
Al día siguiente me levanté a la 1:30, mi madre me empezó a chillar, diciendo que parecía una marmota, todo el día durmiendo. Me levanté y me metí en el baño para no oirla gritar. La quería mucho, pero odiaba que chillara sin más.
Estuve pensando qué decirle a Alice durante toda la comida, y la única conclusión a la que había llegado era que nos habíamos besado y ninguno se arrepentía de que hubiera pasado, pero tampoco habíamos hablado de nada más.
Cerca de las 4:30 me encontraba en mi coche, camino de buscar a Seth, Lusy, y Alice, sin saber lo que podía pasar con esta última. Cuando subieron al coche, Alice se sentó como siempre en el asiento del copiloto, pero no me había saludado, ni con un beso ni con dos, no sabía qué decir, pero no me iba a rayar ahora por eso, supuse que al final me lo acabaría contando, y si era algo malo, prefería que me lo dijera ahora a que me lo dijera en unos meses.
Seth y Lusy me fueron indicando para ir a un centro supuestamente enorme que había a un par de kilómetros, y llegamos al cabo de 10 minutos. Era grande, pero nada comparado con el Marineda City de A Coruña, en España.
Bajamos del coche y nos dirigimos a las taquillas del cine. Compramos las entradas y fue la primera vez que oí la voz de Alice en lo que llevábamos en la calle. Estaba mal, y no sabía el por qué, pero podía intuirlo.

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