miércoles, 27 de febrero de 2013

Capítulo 10

Se quedó callada unos minutos, la intriga me estaba matando, pero no por cotilla, sino por preocupación.
- Me voy - Dijo con voz entrecortada, se le notaba nerviosa.
- A donde te vas? - Dije, intentando alejar los peores pensamientos de mi cabeza.
- De aquí, de Manhattan, de EEUU.
- Cómo?! - Exclamé - No te puedes ir! Por qué te vas a ir? - Estaba chillando en medio del bar, pero me daba igual.
- Mis padres, se separan... y me voy con mi madre a Londres hasta que encuentre algún buen piso por aquí. Supongo que acabaremos volviendo, pero no sé cuando - Estaba triste, la voz sonaba ahogada.
- Pero...y tu padre? No te puedes quedar con él? - Notaba como me subía una sensación horrible por el pecho, hasta convertirse en lágrimas en mis ojos que no se llegaron a derramar, estaba demadiado irritado a la vez.
- No me voy a quedar con mi padre, ni de broma...
- Por qué? Tan malo es?
- Malo no, pero tengo mis razones - Dijo bajando la mirada.
- Y... cuándo os vais? - Dije muy lentamente, como si no lo quisiera llegar a decir.
- Aún no lo sé, pero creo que dentro de dos semanas, más o menos.
- Dos semanas? - Grité mientras me levantaba - Solo dos semanas...
- Sí, dos semanas...
- Genial... - Me senté.
Nos trajeron lo que habíamos pedido, apenas hablamos a lo largo de la cena. No quería que estas dos semanas fueran así, pero estaba demasiado frustrado como para hablar demasiado.
- Pero... Lusy y Seth lo saben? - Dije, en el fondo no sabía qué quería escuchar.
- Lusy sí, y se lo iba a decir a Seth ahora...
- Ah - Era normal que se lo contara a Lusy, era su mejor amiga - Y desde cuando lo sabes?
- Me lo llevo temiendo semanas, pero saber fijo, desde ayer.
- Y por qué no me lo contaste antes? Porque supongo que Lusy lo sabrá desde el principio.
- Porque no es lo mismo.
- El qué no es lo mismo?
Suspiró.
- Te quiero - Dijo en un susurro.
- Qué? - No me podía creer lo que acababa de escuchar.
- Que te quiero - Una lágrima recorrió su mejilla.
- Por qué lloras?
- Porque sí, tengo ganas.
- Yo tambien te quiero - Dije al fin.
Levantó la mirada y sonrió levemente. Pagué la cuenta y salimos del bar. La cogí de la mano y me quedé mirando para esos ojos que tanto me gustaban.
- Si no te lo dije antes fue precisamente por esto.
- Por lo qué? - Mi rostro volvió a tornarse en tristeza.
- Por esto, sentir que toda mi felicidad dependa de una persona, es el mayor síntoma de debilidad del ser humano.
- Pues yo tengo ese problema, y me parece que en un par de semanas no voy a ser demasiado feliz.
- Dentro de un par de semanas yo no seré feliz en absoluto, nada valdrá la pena.
Me acerqué muy suavemente a ella, notaba su respiración en mi labio inferior, quería alargar este momento y a la vez besarla ya. La tenía ahí, delante de mí, mirándome a los ojos con la respiración entrecortada, con mi corazón latiendo más rápido de lo normal... Un cúmulo de sensaciones que en un par de semanas serían tan solo un recuerdo. Al fin, nuestros labios se juntaron en el beso más dulce y deseado que jamás había tenido. En dos semanas, nada de esto tendría ningún sentido.

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